Los mitos en la cirugía plástica de mama
El pecho “natural”
No hay paciente que solicite información sobre esta intervención que no busque un pecho “natural”. Pero para entender este término es fundamental entender cómo es el pecho natural: la forma, el tamaño y la textura pueden variar considerablemente entre las mujeres y depender de la complexión y las proporciones de éstas.
Por tanto, el pecho que puede resultar “natural” en una puede no serlo en otra… o incluso, un pecho “natural”, con caída lateral y sin volumen en la zona superior, puede no resultar “estético” para muchas personas.
Derribando mitos: no existe el “pecho natural” existe el resultado natural en cada persona para lo que es necesaria la confianza en el análisis y las recomendaciones del cirujano.
Las prótesis son para toda la vida
La vida útil de una prótesis mamaria puede ser larga, pero una prótesis en el contexto de un cuerpo que envejece y, por tanto, cambia de complexión, estado de salud, niveles hormonales, actividades físicas y deportivas, pasa por embarazos, partos y ganancias o pérdidas de peso… puede sufrir deterioros como ruptura o contractura capsular, por eso es importante realizar revisiones periódicas, especialmente con implantes de silicona.
Derribando mitos: ningún material artificial es “para siempre” en un contexto tan mutable e imprevisible como el cuerpo humano.
La cirugía mamaria es una operación puramente estética
Hoy en día, en una sociedad hiperconectada y vinculada al contexto audiovisual, la conexión entre la imagen corporal y el bienestar emocional es innegable, por eso muchas personas experimentan una notable mejoría en su autopercepción y ánimo tras una cirugía mamaria. En las reducciones, las mejoras físicas son notorias a nivel motor y muscular y, en los casos de cirugía oncoplástica, estos beneficios son aún más evidentes, ya que la reconstrucción puede ayudar a las pacientes a recuperar su autoestima y a sobrellevar mejor la experiencia del cáncer.
Derribando mitos: Nada que afecte al cuerpo tiene una dimensión exclusivamente física, la emocionalidad vinculada a la autopercepción es tan relevante como la propia apariencia.

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